La escuela es un escenario estratégico para promover salud y equidad, especialmente cuando las intervenciones combinan educación nutricional con enfoques pedagógicos inclusivos. En Chile, la prioridad sanitaria frente al aumento de la obesidad infantil y las enfermedades crónicas ha impulsado políticas y programas que buscan mejorar la calidad de la alimentación escolar y favorecer estilos de vida activos. En este marco, la noción de “escuela saludable” articula acciones curriculares y extramuros —kioscos regulados, ambientes alimentarios protectores y participación de la comunidad educativa— orientadas a consolidar hábitos que impactan el bienestar, el desarrollo y el rendimiento académico. Un componente clave de estas acciones son las colaciones saludables: ingestas ligeras, planificadas e integradas al total calórico diario, que sostienen la energía, estabilizan la glicemia y mejoran la atención, la memoria y la disposición al aprendizaje. La evidencia sugiere que su calidad nutricional se vincula con mejores resultados en lenguaje y matemáticas, lo que subraya la necesidad de educar y de facilitar elecciones informadas durante la jornada escolar.(1,2) Sin embargo, la efectividad de estas estrategias depende de su accesibilidad para toda la población estudiantil. En el caso de los escolares Sordos, sujetos eminentemente visuales cuya lengua natural es la Lengua de Señas Chilena (LSCh), persisten barreras lingüísticas, culturales y pedagógicas que limitan su participación plena. Responder a esta diversidad exige rediseñar los mensajes y los soportes educativos desde una perspectiva sociocultural de la discapacidad, que desplaza el foco del déficit individual hacia la remoción de barreras del entorno. Aquí convergen dos marcos potentes: por un lado, las narrativas inclusivas multimodales —que integran LSCh, imágenes, texto breve y, cuando corresponde, audio y subtítulos—; por otro, el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que propone principios para anticipar la variabilidad del estudiantado y ofrecer múltiples formas de representación, expresión y participación.(3,4) Este estudio de caso se sitúa en la intersección de esos campos. Primero, delimita el concepto de escuela saludable y su relación con las colaciones como práctica cotidiana susceptible de ser enseñada, modelada y evaluada. Segundo, describe criterios lingüísticos y didácticos para diseñar materiales en LSCh, definiendo una jerarquía visual que prioriza la interpretación en señas, la ejemplificación icónica de alimentos y el refuerzo textual mínimo, a fin de maximizar la comprensión y la memoria de trabajo. Tercero, vincula tales decisiones con los principios del DUA para asegurar que los recursos sean pertinentes, accesibles y transferibles. En conjunto, se plantea que una educación nutricional inclusiva, comunicada en el idioma y el canal predominantes de los estudiantes Sordos, puede mejorar la adopción de colaciones saludables y, con ello, contribuir a su salud, su participación y su desempeño académico.